Trabajo remoto y salud mental: cuando estar en casa también puede hacernos sentir solos

Trabajar desde casa ha cambiado profundamente la manera en que muchas personas organizan su vida laboral. Para algunos, significa ganar tiempo, evitar desplazamientos y encontrar una mayor libertad para distribuir las tareas del día. Pero esa flexibilidad también puede tener una cara menos visible: pasar más horas solos, reducir los encuentros cotidianos y terminar la jornada laboral con menos oportunidades de interacción social.

Desde la pandemia, el teletrabajo se ha expandido considerablemente y, aunque la investigación se ha centrado en sus efectos sobre la productividad y la organización empresarial, también es clave preguntarse: ¿qué ocurre con el bienestar de quienes trabajan a distancia durante largos periodos?

Un estudio que analizó cambios entre 2011 y 2024 comparó a trabajadores de ocupaciones realizables de forma remota (como desarrollo de software o marketing) con otros que requieren mayor presencia física (como enfermería o ingeniería mecánica), y encontró una relación entre el aumento del teletrabajo, más tiempo en soledad y un incremento del malestar psicológico. 

Una hora más a solas puede parecer poco, pero no lo es

Después de la pandemia, las personas que tenían trabajos realizables a distancia pasaron aproximadamente una hora más solas durante cada día laboral en comparación con quienes trabajaban en ocupaciones predominantemente presenciales. Esta diferencia también se reflejó en más días completamente solos y en una reducción de actividades sociales después de la jornada. 

El aislamiento no necesariamente aparece como una experiencia evidente. No hace falta sentirse solo todo el tiempo para estar reduciendo progresivamente los momentos de contacto con otras personas.

Una videollamada de trabajo puede sustituir una reunión presencial, pero no siempre reemplaza una conversación espontánea antes de comenzar la jornada. Trabajar desde casa puede ahorrar el trayecto a la oficina, pero también elimina encuentros cotidianos que, aunque parezcan insignificantes, forman parte de nuestra vida social.

El problema, por tanto, no está necesariamente en trabajar desde casa, sino en qué sucede cuando desaparecen muchas de las oportunidades de relacionarnos que antes estaban incorporadas a nuestra rutina.

Vivir solo puede hacer que la diferencia sea mayor

El efecto observado fue especialmente importante entre quienes viven solos.

Según el estudio, después de la pandemia, la probabilidad de que estas personas pasaran un día completo sin contacto social aumentó en 7 puntos porcentuales, un incremento cercano al 83 % respecto a la situación previa.

El impacto del teletrabajo depende de las circunstancias personales: compartir el hogar con familiares o compañeros puede ofrecer oportunidades de interacción y hacer que trabajar desde casa resulte cómodo y equilibrado, mientras que para quienes viven solos y tienen poca vida social fuera del trabajo, esta modalidad puede intensificar el aislamiento. Por eso, la misma modalidad de trabajo puede tener experiencias muy distintas dependiendo de las circunstancias personales.

Cuando el aislamiento también aparece en el bienestar psicológico

La investigación encontró que el aumento del tiempo en soledad coincidió con un incremento del malestar psicológico.

El teletrabajo se asoció con un leve pero significativo aumento del malestar psicológico (0,1 desviaciones estándar en la escala K-6), efecto que se duplicó entre quienes vivían solos, lo que apunta a un mayor impacto en la salud mental cuando falta apoyo social en el hogar.

Esta tendencia se reflejó también en más síntomas depresivos, mayor uso de servicios de salud mental y un incremento en las prescripciones de antidepresivos, sin que se observara un aumento paralelo en consultas médicas generales o medicamentos no psiquiátricos, lo que descarta que el resultado se deba simplemente a una mayor facilidad para acceder a la atención médica al trabajar desde casa.

No significa que trabajar desde casa sea malo para todos

Estos resultados no implican que el teletrabajo sea perjudicial para todas las personas ni que volver a la oficina sea automáticamente la solución.

La experiencia de trabajar a distancia depende de muchos factores: vivir solo o acompañado, disponer de una red social activa, tener espacios adecuados para trabajar, contar con horarios razonables y poder separar realmente la vida laboral de la personal.

Preferir el teletrabajo no implica beneficiarse de él en todos los aspectos: una persona puede valorar mucho la flexibilidad de trabajar desde casa y, al mismo tiempo, sufrir una reducción gradual de sus interacciones sociales.

Uno de los hallazgos más relevantes es que algunos costes del aislamiento se acumulan lentamente y no siempre se manifiestan como un problema inmediato, lo que dificulta identificar con claridad su origen.

La flexibilidad necesita vínculos

El trabajo remoto demostró que muchas actividades profesionales pueden realizarse sin compartir un mismo espacio físico, una transformación que difícilmente desaparecerá. El desafío no es elegir entre teletrabajo o presencialidad como si una fuera buena y la otra mala, sino diseñar formas de trabajo que conserven la flexibilidad sin convertirla en aislamiento, mediante encuentros presenciales periódicos, espacios de colaboración, límites claros entre jornada y vida personal, y mayor atención a las relaciones sociales fuera del trabajo. 

La pregunta ya no es solo dónde queremos trabajar, sino cómo queremos vivir mientras trabajamos: la flexibilidad puede darnos más control sobre nuestro tiempo, pero ese tiempo necesita seguir lleno de vínculos, conversaciones, pausas y experiencias compartidas. 

Fuente: Emanuel, Natalia; Harrington, Emma y Pallais, Amanda. Home alone: Remote work, isolation, and mental health. Sciencie. 2026;392;6802. Artículo original