Por qué los estudiantes entregan el examen “en oleadas”
En muchos institutos es habitual observar que, durante un examen, las entregas no se producen de forma aislada, sino en pequeños grupos. Varios estudiantes se levantan casi al mismo tiempo, otros dudan hasta que alguien cercano entrega, y así se generan auténticas “oleadas” de movimiento hacia la mesa del profesor. Este comportamiento, lejos de ser anecdótico, ha empezado a estudiarse desde una perspectiva científica como un caso de contagio social mediado por comunicación no verbal.
Una investigación reciente realizada con 533 estudiantes de Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato en dos centros españoles analizó precisamente este fenómeno durante un curso escolar completo. A partir de datos sistemáticos sobre el momento exacto de entrega de los exámenes y la disposición espacial del alumnado en el aula, los autores buscaban comprobar si las decisiones de entrega seguían patrones similares a los modelos matemáticos que se utilizan para describir epidemias o la difusión de rumores.
Qué entendemos por contagio social en el aula
El contagio social se refiere a la propagación de comportamientos, emociones o decisiones dentro de un grupo sin necesidad de comunicación verbal explícita. En el contexto de un examen, no hay conversación entre estudiantes, pero sí miradas, movimientos, cambios posturales y señales sutiles que pueden influir en la percepción de los demás sobre si “ya es hora” de entregar.
Desde la psicología social se han descrito fenómenos como el efecto gregario, la presión de grupo o la polarización de grupo, donde las personas ajustan sus decisiones al comportamiento que observan en los demás. Este tipo de dinámicas ha sido documentado tanto en redes sociales digitales (Castellano, Fortunato y Loreto, 2009; Yardi y Boyd, 2010) como en la adopción de hábitos entre adolescentes (Fujimoto y Valente, 2012). La novedad del trabajo que nos ocupa es trasladar estos enfoques al análisis minucioso de algo tan cotidiano como la entrega de un examen.
Cómo se estudió la dinámica de entrega de exámenes
Para evitar que las relaciones previas entre compañeros distorsionaran los datos, el alumnado fue ubicado por orden alfabético, rompiendo así las agrupaciones habituales de amistad. No se registraron nombres propios para cumplir con la protección de datos y el estudiantado no fue informado de que formaba parte de una investigación, de modo que su comportamiento fuera lo más natural posible.
El profesorado utilizó plantillas específicas donde anotaba, para cada estudiante, el orden de entrega, el momento de entrega en minutos, la posición en el aula mediante coordenadas cartesianas y la calificación obtenida. Los tiempos se recogieron en minutos y no en segundos para minimizar errores en plena “avalancha” de entregas. Posteriormente, los investigadores normalizaron los datos para poder compararlos entre diferentes grupos y exámenes de duraciones distintas.
Con esta información construyeron una función N(t) que representa el número acumulado de estudiantes que han entregado el examen en un instante de tiempo t, expresado como fracción del tiempo total disponible. Así, un valor t menor que 1 indica entrega dentro del tiempo marcado, mientras que t mayor que 1 señala entregas fuera del límite.
Verhulst vs Malthus: cuando el examen se parece a una epidemia
El análisis distinguió dos grandes conjuntos de situaciones. En el primero se agruparon las clases en las que todos los alumnos entregaron dentro del tiempo permitido. En el segundo se incluyeron aquellas en las que una parte significativa del alumnado se vio forzada a entregar después de que sonara el fin del examen.
En el primer caso, la curva de N(t) se ajustó muy bien a la función logística de Verhulst, un modelo clásico que describe el crecimiento de poblaciones con recursos limitados y que se ha aplicado a epidemias como la COVID‑19. La bondad del ajuste, medida por el coeficiente de determinación R², fue cercana a 0,997, lo que indica que la mayoría de la variabilidad observada puede explicarse por este modelo de contagio. De hecho, el punto de inflexión de la curva se situó aproximadamente cuando había transcurrido dos tercios del tiempo del examen, momento en el cual la mitad del alumnado ya había entregado su prueba.
En el segundo grupo, donde el tiempo límite actuó como una fuerte presión, los datos dejaron de seguir un patrón de contagio social claro y se ajustaron mejor a un modelo de crecimiento exponencial tipo Malthus, más “catastrofista” y sin autorregulación. En estas clases, el aumento de entregas se aceleraba bruscamente en las inmediaciones del tiempo límite, lo que apunta a decisiones forzadas por el reloj más que a influencia mutua entre estudiantes.
Implicaciones educativas: tiempo de examen, rendimiento y equidad
Los resultados sugieren que la duración asignada a un examen no es un mero detalle logístico, sino un elemento que modifica el comportamiento colectivo del grupo. Cuando el tiempo es razonable, las entregas se autorregulan y la decisión de finalizar parece influida por la observación del comportamiento de los demás. Cuando el tiempo es escaso, la presión del límite temporal enmascara esa dinámica y empuja a muchos estudiantes a entregar de manera apresurada, independientemente de su seguridad en las respuestas.
Además, el estudio revela un dato preocupante: aproximadamente la mitad de los 533 estudiantes analizados entregó su examen después del tiempo límite oficial. Esto debería invitar a revisar la adecuación entre la extensión o dificultad de las pruebas y el tiempo disponible, ya que las consecuencias sobre el rendimiento académico pueden ser significativas, especialmente para quienes necesitan más tiempo de lectura, planificación o revisión.
Desde una perspectiva de diseño de evaluaciones, los autores proponen considerar reglas que eviten entregas anticipadas muy tempranas, para reducir la presión social sobre quienes tienden a imitar o seguir al grupo sin haber finalizado su trabajo. También abren la puerta a futuras investigaciones que comparen calificaciones en contextos donde se permite o se restringe esa influencia social, lo que sería especialmente relevante para la formación docente.
En este sentido, quienes desean profundizar en la comprensión de estos fenómenos y mejorar sus estrategias de evaluación encontrarán un marco formativo sólido en la Maestría en Educación que ofrece FUNIBER. Este programa aborda, entre otros aspectos, el análisis de procesos de enseñanza-aprendizaje, el diseño de sistemas de evaluación más justos y la integración de evidencias científicas para optimizar la práctica docente en contextos reales de aula.
Fuente del texto: Arenas, J. J., & Carpena, P. (2025). Comunicación no verbal en el aula. Modelos de contagio social durante un examen en Enseñanza Secundaria. Comunicar, 83(XXXIII), 67‑75. https://doi.org/10.5281/zenodo.17217208
