El conflicto en el aula como oportunidad de aprendizaje: experiencias de la docente Micaela Gisbert

Micaela Soledad Gisbert es maestra y coordinadora educativa con más de 10 años de experiencia en diferentes niveles educativos. Residente en Córdoba, Argentina, aporta una perspectiva integral que conecta la pedagogía, el liderazgo y la comunicación en las escuelas actuales.

El 9 de abril participó en la sesión del Programa de Bienestar Docente de FUNIBER: “Conflictos en el aula: ¿Cómo gestionar la convivencia sin castigos?”

¿Cuáles son las causas más comunes de conflicto entre los estudiantes hoy en día?

Los conflictos en el aula no pueden leerse únicamente como conductas individuales, sino como expresiones de procesos sociales, emocionales y culturales más amplios. En la actualidad, una de las principales dificultades que se observan tiene que ver con la regulación emocional: muchos estudiantes no cuentan con herramientas para gestionar la frustración, la impulsividad o el desacuerdo.

A esto se suma la falta de recursos comunicacionales para expresar necesidades o desacuerdos sin recurrir a la agresión, así como el debilitamiento de acuerdos de convivencia claros y sostenidos. Además, los conflictos que se originan en entornos digitales suelen trasladarse al espacio escolar, complejizando las dinámicas del aula.

Desde esta perspectiva, el conflicto no es una anomalía, sino una dimensión inherente a la convivencia. La clave no está en eliminarlo, sino en abordarlo pedagógicamente.

¿Cómo pueden los profesores prevenir los conflictos en el aula?

La prevención no consiste únicamente en evitar que surjan conflictos, sino en construir condiciones que permitan gestionarlos de manera formativa en el caso que surjan. Esto implica, en primer lugar, establecer normas claras, consensuadas y sostenidas en el tiempo, que funcionen como marco de referencia compartido.

Pero hay un aspecto aún más central: el vínculo pedagógico. No como un componente accesorio, sino como una condición para el aprendizaje y la convivencia. Sin vínculo, no hay aprendizaje. Cuando existe un vínculo sólido, basado en la confianza y la coherencia, el docente puede intervenir con mayor eficacia y legitimidad.

Asimismo, resulta fundamental trabajar la educación emocional de manera intencional y promover prácticas de comunicación asertiva. Enseñar a decir “lo que me pasa” sin dañar al otro es, hoy, un aprendizaje tan relevante como cualquier contenido curricular. 

¿Cómo aprendiste a gestionar los conflictos en tu profesión?

La gestión del conflicto es un aprendizaje que se construye en la práctica, en diálogo con la formación y la reflexión sobre la propia tarea. En mis primeros años, como suele ocurrir, las respuestas estaban más vinculadas a modelos tradicionales, centrados en la sanción.

Con el tiempo, fui comprendiendo que el castigo no produce aprendizajes duraderos, sino obediencias momentáneas. Esa revisión me llevó a incorporar un enfoque más formativo, donde el conflicto se convierte en una oportunidad para trabajar habilidades sociales, emocionales para ser mejores personas, mejores ciudadanos.

Es muy positivo gestionar el conflicto en el momento, no dilatarlo ni dejarlo para después. La escucha atenta, la mirada y el lenguaje no verbal de los demás se vuelven herramientas indispensables para hacer asertiva la comunicación y poder gestionar con eficacia el conflicto.

El poder de la palabra es esencial para no tener que llegar a medidas como la sanción. Como lo es la vida, la palabra se vuelve un instrumento poderoso.

Hoy entiendo la intervención docente como una acción intencional, oportuna y pedagógica, que busca no solo resolver una situación, sino generar aprendizaje. En ese sentido, la relación entre docente, estudiante y saber —atravesada por el vínculo— resulta clave para comprender lo que ocurre en el aula. 

Es muy positivo gestionar el conflicto en el momento, no dilatarlo ni dejarlo para después. La escucha atenta, la mirada y el lenguaje no verbal de los demás se vuelven herramientas indispensables para hacer asertiva la comunicación y poder gestionar con eficacia el conflicto. 

El poder de la palabra es esencial para no tener que llegar a medidas como la sanción. Como lo es la vida, la palabra se vuelve un instrumento poderoso. 

¿Qué desafíos surgen al gestionar conflictos sin recurrir al castigo?

Trabajar sin recurrir al castigo implica, ante todo, un cambio de paradigma. No se trata de “dejar hacer”, sino de intervenir desde otro lugar. Esto supone varios desafíos: sostener la autoridad pedagógica sin apelar a lo punitivo, responder a expectativas institucionales o familiares que aún demandan sanciones tradicionales, y evitar que la ausencia de castigo sea interpretada como falta de límites.

Además, este enfoque requiere tiempo y consistencia. Los procesos de reflexión, reparación y reconstrucción del vínculo no son inmediatos. Sin embargo, son los que permiten generar aprendizajes más profundos.

El desafío, en definitiva, es pasar de una lógica centrada en la sanción a una lógica centrada en la responsabilidad y la construcción de sentido.

¿Qué consejos les darías a los nuevos profesores?

A quienes se inician en la docencia les diría que no piensen el conflicto como algo a evitar, sino como parte constitutiva de la vida en el aula. Enseñar también implica acompañar esos procesos, como lo es la vida en general. 

Es fundamental sostener coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, explicitar reglas claras, intervenir de manera oportuna antes de que los conflictos escalen, y cuidar especialmente la comunicación: escuchar, validar y orientar.

Pero, sobre todo, comprender que el vínculo no elimina los límites, sino que los hace posibles. Cuando hay vínculo, el límite educa; cuando no lo hay, todo vale, todo está permitido y no se puede sostener en el tiempo. 

Trabajar desde esta perspectiva permite transformar el conflicto en una oportunidad para formar personas más responsables, autónomas y capaces de convivir con otros en libertad.

El 7 de mayo se llevará a cabo la sesión “Trabajar en la diversidad: si todos son diferentes, ¿cómo enseño?”.

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