Pautas clave para un uso saludable de las pantallas en la crianza actual

Las pantallas forman parte del entorno cotidiano de las familias contemporáneas. Niños y niñas conviven con dispositivos tanto en el ámbito escolar como en el hogar, al tiempo que observan a sus figuras parentales trabajar en ordenadores portátiles, coordinar actividades mediante teléfonos móviles o consultar información práctica en tabletas. En este escenario, gestionar el tiempo frente a los dispositivos digitales plantea retos constantes. La evidencia pone de manifiesto que el impacto de la tecnología no depende únicamente de la cantidad de horas invertidas, sino de la naturaleza de las actividades que se realizan y del comportamiento de los propios adultos. Por ello, conviene aplicar pautas orientadas a integrar estos recursos de una forma equilibrada que favorezca el bienestar general.

Modelar hábitos saludables frente a los dispositivos

El concepto de tecnoferencia describe aquellas interrupciones en las interacciones presenciales provocadas por la necesidad inmediata de atender avisos o alertas digitales. Cuando los progenitores desvían su atención hacia los teléfonos inteligentes en momentos de convivencia, disminuye la frecuencia y la calidad de los intercambios verbales y afectivos con sus hijos. Determinadas investigaciones han vinculado la presencia constante de notificaciones audibles con dificultades en la adquisición del vocabulario infantil. Asimismo, la distracción tecnológica puede reducir la sensibilidad materna o paterna, un factor determinante para fomentar el apego seguro y consolidar la capacidad de autorregulación emocional en los primeros años de vida. Silenciar las notificaciones durante los momentos compartidos facilita una presencia activa y consciente que fortalece estos vínculos fundamentales.

Vigilar el uso de la tecnología como regulador del estrés

La complejidad de las rutinas familiares induce en muchas ocasiones a utilizar los teléfonos y tabletas como pacificadores inmediatos para sobrellevar situaciones de sobrecarga. Distintos trabajos científicos han detectado una relación directa entre el estrés parental, la ansiedad y el incremento del tiempo que los menores dedican a los dispositivos. Aunque entregar una pantalla proporciona un alivio puntual ante conductas complejas o rabietas, el uso excesivo de dispositivos interactivos puede obstaculizar el desarrollo socioemocional y agravar los problemas de comportamiento a largo plazo. Organismos de referencia como la American Psychological Association recomiendan recurrir a técnicas alternativas de afrontamiento, tales como realizar pausas breves de respiración o reorganizar las expectativas parentales para gestionar las tensiones cotidianas sin delegar la calma en los entornos virtuales.

Compartir las experiencias digitales en familia

La tecnología también ofrece posibilidades constructivas cuando se concibe como una herramienta para el aprendizaje colaborativo o el fortalecimiento de los afectos. El visionado conjunto, en el que adultos y niños participan activamente de los contenidos, no genera repercusiones desfavorables sobre el apego e incide de manera favorable en el proceso cognitivo infantil. Disfrutar de videollamadas con familiares, escuchar melodías o comentar conjuntamente lo que sucede en la pantalla transforma una exposición pasiva en un intercambio comunicativo enriquecedor. Este diálogo compartido permite aclarar dudas, contextualizar las imágenes y consolidar la complicidad afectiva entre las partes involucradas.

Atender a las recomendaciones específicas según la edad

El conocimiento de las directrices emitidas por las autoridades educativas y sanitarias resulta primordial para salvaguardar la salud infantil. En las etapas tempranas se aconseja evitar la exposición a pantallas durante los dos primeros años de vida y restringirla a un máximo de una hora diaria en el periodo comprendido entre los dos y los cinco años. Para garantizar que los menores interactúen únicamente con contenidos adecuados a su madurez psicológica, las familias pueden acudir a los recursos sobre controles parentales provistos por entidades especializadas en protección de la infancia. Esta configuración técnica previene el acceso involuntario a plataformas perjudiciales y refuerza la supervisión activa en el hogar.

Promover alternativas lúdicas fuera del entorno digital

El establecimiento de límites funciona con mayor eficacia cuando se acompaña de un diálogo constante y de la formulación conjunta de normas familiares. Las estrategias de distracción constructiva, dirigidas a motivar la lectura de libros impresos o el juego al aire libre, facilitan que los menores desvíen su interés de las pantallas sin generar confrontaciones agudas ni frustración. El empleo de estímulos sonoros o señales visuales específicas para marcar el cierre del tiempo digital ayuda a estructurar los cambios de actividad con naturalidad. Para aquellos profesionales interesados en profundizar en los procesos de acompañamiento, diseño pedagógico e intervención familiar en contextos educativos, la Maestría en Educación que promueve FUNIBER brinda herramientas analíticas avanzadas para dar respuesta a los desafíos del aprendizaje y la convivencia en la sociedad digital.

Fuente: The Conversation