Hay una gran preocupación por el uso de semillas y plantas genéticamente modificadas en todo el mundo. Greenpeace ha iniciado una campaña para pedir la prohibición de pruebas en campo abierto con organismos genéticamente modificados en Estados Unidos, porque es difícil controlarlos y evitar que se filtren en cultivos naturales. Recientemente se encontró una variedad de trigo genéticamente modificado (GM) que es «resistente al herbicida Roundup» creciendo en un campo de Oregon. El hecho resulta sorprendente, considerando que Monsanto no realiza pruebas con esa variedad de trigo desde hace ocho años.

El granjero indica que no tiene idea de cómo llegaron esas semillas a su campo de cultivo localizado en Oregon, mientras que el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) continúa investigando la real dimensión de la contaminación con ese organismo genéticamente modificado, el cual no ha sido aprobado por las autoridades.

Charlie Cray, especialista de investigación de Greenpeace en Estados Unidos, plantea algunas preguntas que complican la situación para Monsanto: ¿cómo es que esta variedad de trigo se escapó de un campo de pruebas y terminó creciendo en una granja ocho años después de que se terminasen los experimentos? ¿quién es responsable? ¿quién va a pagar por la descontaminación y los daños ocasionados a los granjeros?.

Pero no solo los granjeros se ven afectados. Cabe indicar que Monsanto abandonó las pruebas con esa variedad de trigo genéticamente modificado en el 2005, debido a la oposición encontrada en el mundo entero. Ahora, tras la contaminación encontrada en Oregon,se está difundiendo rápidamente la noticia y tanto Japón como Corea del Sur podrían prohibir la importación de trigo de Estados Unidos.

Para los activistas de Greenpeace la única forma de evitar accidentes similares es prohibir que se continúe realizando experimentos con nuevas variedades de plantas genéticamente modificadas en campo abierto.

Las plantas genéticamente modificadas deben pasar por el control de autoridades que garanticen que su uso no causa enfermedades en animales o humanos. Es conocido el caso de la transnacional Syngenta, por ocultar en Alemania que su maíz transgénico de la variedad Bt 176 causó la muerte de vacas en ese país.

Campaña:
https://secure3.convio.net/gpeace/site/Advocacy?pagename=homepage&page=UserAction&id=1383&autologin=true&JServSessionIdr004=g2yxy3j1c5.app332a