La magnitud del problema de los residuos plásticos
Los residuos plásticos se han convertido en uno de los problemas ambientales más urgentes de nuestro tiempo. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), si no se produce un cambio drástico en las políticas y en los patrones de producción y consumo, la cantidad de residuos plásticos podría triplicarse para 2060. Este escenario implicaría un aumento exponencial de materiales de larga vida útil acumulándose en océanos, suelos, ríos y ciudades, con impactos todavía difíciles de dimensionar por completo, pero ya visibles en múltiples ecosistemas.
El plástico ha sido clave para el desarrollo industrial y tecnológico, pero su éxito se ha apoyado en un modelo lineal de producir, usar y desechar. La falta de sistemas eficaces de gestión de residuos y el bajo nivel de reciclaje real han derivado en una contaminación persistente que afecta tanto a países industrializados como a naciones en desarrollo. La advertencia del PNUMA subraya que no se trata solo de un problema de basura, sino de un desafío estructural ligado a la forma en que organizamos la economía global.
Impactos en la salud humana, la vida marina y la economía
La acumulación de residuos plásticos tiene consecuencias directas e indirectas sobre la salud humana. Aunque el texto de referencia no detalla estos efectos, se sabe, por estudios ampliamente difundidos por organismos internacionales, que los microplásticos se han detectado en el agua potable, en alimentos y en el aire, lo que genera preocupación sobre sus posibles efectos en procesos inflamatorios, sistemas hormonales y otros aspectos de la salud. Dado que los impactos específicos dependen de la exposición, las características químicas de los plásticos y otros factores, es necesario ser prudente y reconocer que aún hay incertidumbres científicas en este campo.
En el medio marino, la evidencia es más clara. La noticia de Naciones Unidas destaca la presencia de plásticos flotando frente a bancos de peces, como se ha observado en zonas costeras de Indonesia. Aves marinas, tortugas, mamíferos y peces pueden ingerir fragmentos de plástico o quedar atrapados en redes y otros desechos, lo que provoca lesiones, disminución de la capacidad reproductiva y mortalidad. Estos daños no solo afectan a la biodiversidad, sino también a comunidades costeras que dependen de la pesca y del turismo.
En términos económicos, la contaminación por plásticos genera costes asociados a la limpieza de playas y ciudades, a la pérdida de productividad de sectores como la pesca y al deterioro de infraestructuras. Informes del sistema de Naciones Unidas han señalado que estos costes, sumados a los impactos en la salud y en los servicios ecosistémicos, pueden ser muy superiores al valor económico inmediato que genera la producción de plásticos de un solo uso.
Ginebra como escenario de un tratado global
Ante la gravedad de la situación, los Estados miembros de la ONU decidieron en 2022 iniciar el proceso para desarrollar un instrumento internacional jurídicamente vinculante que aborde de forma integral la crisis de la contaminación por plásticos. En este contexto, una reunión en la sede de la ONU en Ginebra se ha convertido en un foro clave para negociar los elementos de ese tratado mundial.
El objetivo central de las conversaciones lideradas por el PNUMA es alcanzar un acuerdo que permita frenar el crecimiento de los residuos plásticos y, en el mejor de los casos, reducir de manera significativa su generación. Aunque el texto proporcionado se interrumpe y no detalla el contenido de las negociaciones, se puede afirmar que la intención es ir más allá de acuerdos voluntarios y establecer obligaciones claras para los países en materia de producción, diseño de productos, gestión de residuos y cooperación internacional.
La elección de un instrumento jurídicamente vinculante refleja la comprensión de que los compromisos no obligatorios han sido insuficientes para revertir la tendencia. Sin embargo, el alcance real del tratado dependerá de las disposiciones que se acuerden, de los mecanismos de financiación y de la capacidad de los países para implementar cambios profundos en sus sistemas productivos.
Desafíos y oportunidades para la gobernanza ambiental
Negociar un tratado global sobre plásticos implica conciliar intereses económicos, ambientales y sociales muy diversos. Países con una industria petroquímica fuerte pueden mostrar reticencias a medidas que limiten la producción de ciertos tipos de plásticos, mientras que naciones con menos recursos necesitan apoyo técnico y financiero para mejorar sus infraestructuras de gestión de residuos y evitar vertidos incontrolados.
A pesar de estas tensiones, el proceso también abre oportunidades para impulsar un cambio hacia modelos más circulares, en los que el diseño de productos facilite la reutilización y el reciclaje, y en los que se reduzca al mínimo el uso de plásticos innecesarios o difíciles de gestionar. Iniciativas de economía circular, innovación en materiales y acuerdos entre sector público y privado pueden encontrar en el tratado un marco de referencia y coordinación global.
Esta complejidad exige profesionales capaces de comprender la dimensión ambiental, económica, normativa y de gestión de la problemática. Programas de formación como la Maestría en Gestión y Auditorías Ambientales de FUNIBER ofrecen herramientas para analizar políticas ambientales, diseñar sistemas de gestión y participar en procesos de auditoría y mejora continua, competencias clave para implementar en empresas y administraciones públicas los compromisos que emerjan de un futuro tratado mundial sobre plásticos.
Fuente: Adaptado a partir de Naciones Unidas – Noticias ONU: “Los residuos plásticos se triplicarán para 2060, un tratado que se negocia en Ginebra busca impedirlo” (news.un.org).
