La exposición a la luz durante la noche, un factor de riesgo emergente
En las últimas décadas, la vida moderna ha incrementado notablemente la exposición a la luz artificial durante la noche, ya sea por pantallas, iluminación urbana o dispositivos electrónicos. Paralelamente, las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de mortalidad a nivel mundial. La investigación científica comienza a conectar ambos fenómenos y sugiere que la luz nocturna podría ser un factor de riesgo adicional para la salud del corazón, más allá de los ya conocidos como la hipertensión, el tabaquismo o la obesidad.
Un estudio publicado en la revista JAMA Network Open ha analizado específicamente la relación entre la exposición a la luz durante la noche y la incidencia de enfermedad cardiovascular. Aunque aún se necesitan más datos para establecer recomendaciones definitivas, los resultados refuerzan la importancia de considerar el entorno lumínico como parte de la prevención cardiovascular.
El estudio de JAMA Network Open: qué se investigó
La investigación “Light Exposure at Night and Cardiovascular Disease Incidence”, publicada en octubre de 2025 en JAMA Network Open, se enmarca en el campo de la cardiología y del sueño. El trabajo fue desarrollado por un equipo internacional vinculado a instituciones como Flinders University en Australia, Brigham and Women’s Hospital y Harvard Medical School en Estados Unidos, y la University of Manchester en el Reino Unido.
El objetivo principal del estudio fue evaluar si las personas expuestas a mayores niveles de luz durante la noche presentaban una mayor incidencia de enfermedad cardiovascular a lo largo del tiempo. A partir del contenido disponible del artículo no se detallan el tamaño muestral, la duración exacta del seguimiento ni los valores cuantitativos de riesgo, por lo que no es posible precisar cifras concretas. Sin embargo, el diseño se encuadra en la investigación observacional en población general, un enfoque habitual para estudiar factores ambientales y su impacto en la salud a largo plazo.
Posibles mecanismos: del reloj biológico al corazón
Aunque el artículo de JAMA Network Open no desarrolla en el fragmento disponible todos los mecanismos biológicos, la literatura científica previa ayuda a entender por qué la luz nocturna podría afectar al sistema cardiovascular. La exposición a la luz en horas en las que el organismo espera oscuridad altera el sistema circadiano, el “reloj interno” que regula el sueño, la secreción hormonal, la temperatura corporal y el metabolismo. Revisiones como las publicadas por la National Heart, Lung, and Blood Institute destacan que las alteraciones del sueño y del ritmo circadiano se asocian con hipertensión, resistencia a la insulina e inflamación crónica, todos ellos factores de riesgo para enfermedad cardiovascular.
La luz nocturna, especialmente la de longitud de onda azul emitida por pantallas y algunas lámparas LED, puede reducir la producción de melatonina, hormona clave para la sincronización circadiana. Estudios previos, revisados por la American Heart Association y otros organismos, han relacionado la mala calidad del sueño y los horarios irregulares con un mayor riesgo de infarto de miocardio, ictus y otros eventos cardiovasculares. En este contexto, el trabajo publicado en JAMA Network Open aporta evidencia adicional al vincular directamente la cantidad de luz nocturna con la incidencia de enfermedad cardiovascular en la población.
Implicaciones para la salud pública y la vida cotidiana
Aunque todavía no se dispone de guías clínicas específicas basadas en este único estudio, los resultados apuntan a que la gestión de la luz ambiental podría convertirse en un componente relevante de las estrategias de prevención cardiovascular. A nivel individual, algunas medidas razonables, respaldadas por recomendaciones generales en medicina del sueño, incluyen reducir el uso de pantallas antes de dormir, atenuar la iluminación del hogar por la noche, evitar luces intensas en el dormitorio y limitar la exposición a fuentes de luz directa durante el sueño.
Desde la perspectiva de salud pública y planificación urbana, la posible relación entre iluminación nocturna y riesgo cardiovascular abre el debate sobre el diseño de sistemas de alumbrado, la regulación de la contaminación lumínica y la incorporación del ritmo circadiano en políticas de trabajo por turnos. Organismos como la Organización Mundial de la Salud han comenzado a llamar la atención sobre los efectos de los entornos urbanos en la salud, y la luz artificial nocturna podría ser un elemento más a considerar junto con el ruido, la calidad del aire y los espacios verdes.
Investigación, gestión sanitaria y formación especializada
Dado que la evidencia disponible aún es incipiente y no permite establecer relaciones causales definitivas ni umbrales seguros de exposición a la luz nocturna, se hace necesaria más investigación interdisciplinar que combine cardiología, cronobiología, epidemiología y salud pública. Para los profesionales interesados en profundizar en la comprensión y gestión de factores ambientales emergentes que influyen en la salud y en la toma de decisiones estratégicas en el ámbito sanitario, la formación avanzada resulta clave. En este sentido, programas como la Maestría en Dirección Estratégica que ofrece FUNIBER proporcionan herramientas para analizar evidencia científica, diseñar políticas organizacionales y liderar proyectos que integren la prevención cardiovascular y la gestión de riesgos ambientales en instituciones de salud y organizaciones vinculadas al bienestar poblacional.
Fuente: Adaptado a partir de “Light Exposure at Night and Cardiovascular Disease Incidence”, publicado en JAMA Network Open (2025), y de recursos públicos de organismos de salud internacionales, en: https://jamanetwork.com/journals/jamanetworkopen/fullarticle/2840489
