La deuda pendiente con los ecosistemas de agua dulce
Los ecosistemas acuáticos sostienen procesos ecológicos clave, actividades económicas esenciales y formas de vida ligadas histórica y culturalmente al agua. Sin embargo, ríos, lagos y arroyos, especialmente en regiones tropicales, siguen siendo los grandes olvidados de las estrategias globales de conservación. La atención se concentra de manera desproporcionada en entornos marinos y en unas pocas especies consideradas carismáticas, mientras buena parte de la biodiversidad de agua dulce permanece fuera del foco científico y político.
Esta invisibilidad también se refleja en los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El ODS 14 se centra en los océanos y el ODS 15 en los entornos terrestres, pero la biodiversidad de agua dulce prácticamente no figura en ellos. El resultado es una brecha estructural: los ecosistemas acuáticos continentales, entre los más amenazados del planeta, no reciben una atención proporcional a su importancia ecológica, social y económica.
Qué especies se protegen y cuáles quedan fuera
Un estudio reciente publicado en la revista Water Biology and Security analizó de forma sistemática la literatura científica para identificar qué especies se usan como indicadores o insignia al seleccionar áreas prioritarias de conservación acuática. Los resultados muestran una fuerte concentración en el filo Chordata, que agrupa más del 70 % de las especies analizadas, con predominio de peces óseos, mamíferos acuáticos, reptiles y aves.
Dentro de estos grupos destacan especies de amplia distribución y alto atractivo social, como la tortuga boba (Caretta caretta), el delfín mular (Tursiops truncatus), la tortuga verde (Chelonia mydas) o la nutria europea (Lutra lutra). Muchas de ellas se encuentran en categorías de amenaza elevadas, como “Vulnerable”, “En peligro” o “En peligro crítico”, lo que refuerza su papel simbólico frente a la pérdida de biodiversidad.
El estudio también muestra que algunas especies con menor riesgo, como la posidonia oceánica, aparecen como especies insignia debido a su papel ecológico o a su valor cultural. Aunque las plantas acuáticas y los invertebrados están escasamente representados, su presencia en la literatura evidencia el potencial de ampliar la diversidad taxonómica considerada en las estrategias de conservación. Aun así, las especies de ríos, lagos y arroyos, en especial en zonas tropicales, siguen siendo casi invisibles en las publicaciones y en los planes de gestión examinados.
Criterios de selección: entre el carisma y la función ecológica
El análisis de la literatura científica revela que los criterios usados para elegir especies acuáticas como banderas de conservación son todavía limitados. Predominan atributos clásicos que, si bien son relevantes, restringen el alcance de las políticas.
Uno de los criterios más frecuentes es el estado de conservación, basado en listados nacionales e internacionales como la Lista Roja de la UICN. Se seleccionan especies amenazadas para llamar la atención sobre el riesgo de extinción. Junto a este factor, el atractivo visual y el carisma desempeñan un papel desproporcionado: delfines, tortugas, rayas y peces grandes son preferidos, incluso cuando su relevancia ecológica puede ser menor que la de otras especies menos conocidas.
En menor medida se tienen en cuenta aspectos como la importancia ecológica, la distribución geográfica o el endemismo. Se reconoce el valor de especies con funciones clave en la integridad de los ecosistemas acuáticos, pero este enfoque sigue siendo secundario frente a los atributos visuales. Aún más escasos son los estudios que incorporan la importancia cultural o económica de las especies para comunidades locales, la pesca o el turismo, lo que evidencia una distancia entre la ciencia, las políticas públicas y las realidades de los territorios.
Esta combinación de sesgos genera estrategias de conservación centradas en pocas especies emblemáticas y en ciertos tipos de hábitats, dejando en la sombra amplios segmentos de la biodiversidad acuática de agua dulce.
Desigualdad geográfica y conocimiento incompleto
El estudio señala también un fuerte desequilibrio geográfico en la producción científica sobre especies acuáticas utilizadas como indicadores de conservación. La mayoría de los trabajos provienen de instituciones del norte global, especialmente de América del Norte, Europa y Asia. En contraste, los países tropicales, que albergan una enorme diversidad biológica y presentan mayor vulnerabilidad ecológica, tienen una participación mucho más reducida.
Este patrón limita la representación de los ecosistemas de agua dulce tropicales en la investigación y consolida su invisibilidad en las estrategias globales. Al depender de datos producidos mayoritariamente en unas pocas regiones, las agendas de conservación reproducen sesgos taxonómicos, ecológicos y culturales que no reflejan adecuadamente la realidad de los ríos, lagos y arroyos en contextos megadiversos.
Diversificar las fuentes de conocimiento, fortalecer la investigación en el sur global y promover una integración real de criterios ecológicos, socioculturales y territoriales son pasos necesarios para construir políticas más inclusivas. En este contexto, la formación de profesionales capaces de diseñar y auditar estrategias ambientales rigurosas resulta clave. Programas como la Maestría en Gestión y Auditorías Ambientales, para los que FUNIBER proporciona becas, ofrecen herramientas para analizar críticamente estos sesgos, mejorar los sistemas de evaluación ambiental y contribuir a que la conservación de los ecosistemas acuáticos de agua dulce ocupe el lugar que le corresponde en la agenda global.
Fuente: Adaptado de “Las estrategias globales de conservación olvidan a las especies acuáticas de ríos, lagos y arroyos”, publicado en The Conversation.
