Un cambio de panorama en el vapeo juvenil
Entre 2020 y 2024, el consumo de cigarrillos electrónicos con nicotina entre adolescentes en Estados Unidos mostró una paradoja preocupante. Según un estudio reciente publicado en JAMA Network Open, el porcentaje de estudiantes de 8.º, 10.º y 12.º grado que declararon vapear nicotina en los últimos 30 días disminuyó en ese periodo. Sin embargo, entre quienes seguían vapeando, aumentó de forma notable el uso diario y las dificultades para dejarlo, lo que sugiere una población más dependiente y resistente al tratamiento.
Este fenómeno, conocido como “endurecimiento” de la población consumidora, ya se había descrito en adultos fumadores y ahora comienza a observarse también en adolescentes que vapean. Comprender estos cambios es clave para diseñar estrategias de prevención y de intervención más eficaces.
Menos jóvenes vapean, pero quienes lo hacen vapean más
El estudio analizó datos de 115 191 estudiantes estadounidenses que participaron en la encuesta anual Monitoring the Future entre 2020 y 2024. La prevalencia de vapeo de nicotina en los últimos 30 días disminuyó globalmente en ese periodo. No obstante, dentro del grupo de jóvenes que sí vapeaban, el patrón de consumo cambió de forma significativa hacia un uso más intenso.
En 2020, aproximadamente el 15 % de los adolescentes que habían vapeado en los últimos 30 días lo hacían a diario. Para 2024, esa proporción se había casi duplicado, alcanzando cerca del 29 % de los vapeadores actuales. Este incremento indica que, aunque el número total de jóvenes que vapean se reduce, los que continúan haciéndolo tienden a presentar un consumo más frecuente y potencialmente más adictivo.
Esta tendencia es relevante porque el uso diario de nicotina se asocia con mayor dependencia, mayor probabilidad de síntomas de abstinencia y más dificultades para abandonar el consumo, incluso en edades tempranas.
Dificultades crecientes para dejar el vapeo
Otro hallazgo clave del estudio es el aumento de los intentos fallidos de abandono entre los vapeadores diarios. Entre 2020 y 2024, el porcentaje de jóvenes que vapeaban a diario y que informaron haber intentado sin éxito dejar de vapear pasó de alrededor del 28 % al 53 %. Es decir, más de la mitad de los adolescentes con consumo diario trató de dejarlo y no lo logró.
Este patrón refuerza la idea de “endurecimiento”: la población que permanece consumiendo no solo utiliza el producto con mayor frecuencia, sino que además encuentra más barreras para abandonarlo. Estos datos son especialmente preocupantes si se tienen en cuenta los posibles efectos de la nicotina sobre el desarrollo cerebral adolescente y la asociación entre el vapeo y otras conductas de riesgo.
La combinación de uso diario y repetidos intentos fallidos de dejar de vapear sugiere altos niveles de dependencia, lo que plantea un desafío para las estrategias tradicionales de prevención, habitualmente centradas en evitar el inicio del consumo, más que en el tratamiento de jóvenes ya dependientes.
Diferencias según características demográficas y de salud
El estudio también analizó cómo variaban estas tendencias según características demográficas, de salud mental y de consumo de otras sustancias. Aunque la mayoría de los datos concretos se centran en la población estadounidense, ayudan a identificar grupos de mayor vulnerabilidad.
Las adolescentes mujeres, los jóvenes de raza negra no hispana y quienes consumían cannabis o tabaco en los últimos 30 días mostraron descensos más lentos o incluso estabilidad en la prevalencia de vapeo frente a la tendencia general a la baja. En la práctica, esto significa que ciertas subpoblaciones mantienen niveles relativamente altos de consumo, lo que podría ampliar desigualdades en salud a medio y largo plazo.
Por otro lado, el aumento del vapeo diario fue especialmente marcado en jóvenes de zonas rurales, donde la proporción de vapeadores actuales que vapeaban todos los días creció de forma más rápida que en áreas urbanas. Este dato invita a considerar el contexto territorial y el acceso a recursos preventivos y de tratamiento, habitualmente más limitados en entornos rurales.
Adicionalmente, la presencia de síntomas depresivos y de problemas de conducta fue más frecuente entre quienes vapeaban, especialmente entre los usuarios diarios. Aunque el estudio no permite establecer una relación causal, sí señala la necesidad de integrar la salud mental en cualquier programa de intervención sobre vapeo juvenil.
Implicaciones para la prevención, la clínica y las políticas públicas
Los resultados sugieren que la simple reducción de la prevalencia global de vapeo no basta para concluir que el problema está en vías de solución. Las autoridades sanitarias, los centros educativos y los profesionales de la salud deben reconocer que la población adolescente que continúa vapeando se caracteriza cada vez más por un consumo diario, mayor dependencia y dificultades para dejarlo.
Esto implica adaptar las intervenciones. No es suficiente con campañas informativas generalistas; se requieren programas de prevención selectiva y de tratamiento específicos para jóvenes con consumo frecuente, integrando apoyo psicológico, abordaje de comorbilidades (como síntomas depresivos) y una mirada atenta a las desigualdades de género, raza y territorio. Además, la evidencia sobre “endurecimiento” puede orientar políticas regulatorias más estrictas respecto a la disponibilidad, la publicidad y las características de los productos de vapeo dirigidos a menores.
En este contexto, la formación avanzada de profesionales capaces de interpretar la evidencia científica y diseñar políticas y programas basados en datos resulta esencial. Programas como la Maestría en Psicología Clínica y de la Salud en la que FUNIBER ofrece becas, ofrecen herramientas para comprender fenómenos complejos como el vapeo juvenil, integrar la perspectiva de salud mental y contribuir a desarrollar intervenciones más eficaces y sensibles a las realidades de los adolescentes.
