La economía de la mentira: cómo la desinformación con IA amenaza el desarrollo

La expansión de la inteligencia artificial generativa ha abierto oportunidades sin precedentes para innovar, automatizar procesos y aumentar la productividad. Sin embargo, también ha dado lugar a una “economía de la mentira”, en la que la desinformación producida a gran escala puede frenar el crecimiento real y deteriorar la cohesión social. Este fenómeno no solo afecta a la esfera política o mediática, sino que tiene implicaciones económicas profundas, desde la confianza en los mercados hasta la estabilidad institucional.

Qué entendemos por economía de la mentira

La economía de la mentira se refiere al conjunto de dinámicas económicas que se generan cuando la información falsa se produce, distribuye y consume de manera sistemática, en este caso mediante herramientas de IA. No se trata solo de bulos aislados, sino de un ecosistema donde la desinformación se convierte en un “producto” que genera tráfico, atención y, en algunos casos, beneficios económicos directos para quienes la difunden.

La IA facilita esta economía al reducir drásticamente los costes de producir textos, imágenes, audios y vídeos falsos pero verosímiles. Lo que antes requería tiempo, habilidades técnicas y recursos, hoy puede generarse en segundos. Esta asimetría entre la facilidad para crear falsedades y la dificultad para verificarlas altera los incentivos en medios digitales, redes sociales y plataformas de contenido.

Impacto de la desinformación en el crecimiento económico

La actividad económica moderna se apoya en la confianza: en los datos, en las instituciones y en las reglas de juego. Cuando la desinformación se multiplica, esa confianza se erosiona. La incertidumbre aumenta, las decisiones de inversión se retrasan y los actores económicos se vuelven más cautelosos, lo que puede ralentizar el crecimiento real.

En mercados financieros, rumores infundados amplificados por IA pueden provocar movimientos bruscos de precios, dañar la reputación de empresas o sectores y distorsionar la asignación de capital. En el ámbito empresarial, la circulación de información falsa sobre productos, regulaciones o riesgos puede desviar recursos hacia la gestión de crisis de imagen y litigios, en lugar de destinarlos a innovación y productividad. Además, la saturación informativa obliga a gobiernos, empresas y ciudadanos a invertir más tiempo y dinero en verificación, auditorías de datos y sistemas de ciberseguridad, generando costes adicionales que no siempre se traducen en valor productivo.

Cohesión social y estabilidad institucional en riesgo

La desinformación generada por IA no solo tiene efectos económicos directos, sino que también debilita la cohesión social. Narrativas falsas sobre grupos sociales, procesos electorales o políticas públicas pueden polarizar a la ciudadanía y minar la legitimidad de las instituciones. Cuando amplios sectores de la población desconfían sistemáticamente de los medios, de la ciencia o de las autoridades, se vuelve más difícil alcanzar consensos mínimos para llevar adelante reformas económicas o acuerdos de largo plazo.

Esta fragmentación social puede traducirse en inestabilidad política, protestas, boicots o rechazo a medidas necesarias para el desarrollo, desde reformas fiscales hasta políticas de transición energética. En este sentido, la economía de la mentira actúa como un freno silencioso: no siempre visible en las estadísticas inmediatas, pero presente en la dificultad creciente para coordinar acciones colectivas y sostener proyectos de país.

El papel de los medios, las plataformas y la regulación

Frente a esta realidad, medios de comunicación, plataformas digitales y reguladores se encuentran ante el desafío de diseñar mecanismos que reduzcan los incentivos a la desinformación sin sofocar la innovación. Algunas iniciativas pasan por sistemas de verificación más robustos, etiquetado de contenidos generados por IA y mayor transparencia sobre los algoritmos que priorizan información en redes y buscadores.

Diversos organismos internacionales y centros académicos están estudiando cómo la desinformación impacta en la economía y qué marcos regulatorios podrían mitigar sus efectos, combinando enfoques de política tecnológica, competencia y protección de datos. Informes de referencia y análisis académicos disponibles en plataformas como The Conversation o en organismos multilaterales como la OCDE y el Banco Mundial contribuyen a dimensionar el problema y explorar soluciones basadas en evidencia.

Educación, pensamiento crítico y formación directiva

Más allá de la tecnología y la regulación, un elemento clave para frenar la economía de la mentira es la formación de ciudadanos y directivos capaces de evaluar críticamente la información. La alfabetización mediática, el pensamiento crítico y la comprensión básica de cómo funcionan los modelos de IA son competencias estratégicas para cualquier profesional que tome decisiones en entornos de alta incertidumbre informativa.

En este contexto, programas como la Maestría en Dirección Estratégica que promueve FUNIBER aportan herramientas para analizar entornos complejos, gestionar riesgos derivados de la desinformación y diseñar estrategias organizacionales resilientes. Integrar en la formación directiva contenidos sobre ética de la información, gobernanza de datos e impacto socioeconómico de la IA resulta esencial para que las organizaciones contribuyan a una economía basada en la verdad, la transparencia y la confianza.

Fuente del texto: Adaptación propia a partir de The Conversation.