Qué son los alimentos ultraprocesados y por qué preocupan
Los alimentos ultraprocesados son productos industriales formulados a partir de ingredientes refinados, como harinas muy procesadas, azúcares añadidos, grasas de baja calidad, aditivos y saborizantes. No se parecen a los alimentos frescos de origen y suelen presentarse como galletas, bollería, snacks salados, bebidas azucaradas, platos listos para calentar y postres industriales. Distintas investigaciones estiman que estos productos aportan alrededor del 60% de la energía total en la dieta de los adultos en Estados Unidos, lo que indica un cambio profundo en el patrón alimentario tradicional.
Más allá de su baja calidad nutricional, cada vez hay más evidencia de que muchos de estos productos están diseñados para ser “hiperrecompensantes”: combinan niveles muy altos de azúcares y grasas, junto con texturas y sabores optimizados, que favorecen el consumo compulsivo. Este diseño deliberado se vincula con la expansión del mercado de ultraprocesados en las décadas de 1970 y 1980, periodo en el que grandes corporaciones, incluidas empresas del sector tabacalero, invirtieron en desarrollar y posicionar alimentos listos para consumir con alto poder adictivo.
El concepto de adicción a los ultraprocesados
Aunque la “adicción a la comida” no aparece como diagnóstico formal en los manuales psiquiátricos, se ha desarrollado una línea de investigación robusta sobre lo que se denomina adicción a alimentos ultraprocesados. La herramienta más utilizada es la Yale Food Addiction Scale (YFAS) y su versión modificada (mYFAS 2.0), que adaptan los criterios diagnósticos de los trastornos por uso de sustancias al consumo de ciertos alimentos. Estos criterios incluyen pérdida de control, deseo intenso o craving, tolerancia, síndrome de abstinencia y consumo continuado a pesar de consecuencias negativas.
En el contexto de los ultraprocesados, la escala invita a los participantes a pensar en productos como chocolate, helados, patatas fritas, snacks salados y bebidas azucaradas. A partir de 11 criterios de tipo adictivo, más la presencia de malestar o deterioro clínicamente significativo, se determina si una persona cumple criterios de adicción a ultraprocesados. Una revisión sistemática reciente, que incluyó más de 200 estudios, estima que alrededor del 14% de los adultos presenta este patrón de consumo adictivo, una prevalencia comparable a la de sustancias como el alcohol o el tabaco.
Un estudio clave en adultos mayores de 50 a 80 años
Un estudio reciente publicado en la revista Addiction analizó por primera vez la adicción a los ultraprocesados en una muestra representativa a nivel nacional de personas de 50 a 80 años en Estados Unidos. La investigación se realizó a través del National Poll on Healthy Aging de la Universidad de Míchigan, con 2038 participantes que respondieron cuestionarios en línea y por teléfono en julio de 2022. Se utilizó la versión modificada de la Yale Food Addiction Scale 2.0 para evaluar el cumplimiento de criterios de adicción a ultraprocesados durante el último año.
Los resultados muestran que el 12,4% de los adultos mayores cumple criterios de adicción a ultraprocesados. Esta cifra es muy similar a la prevalencia global estimada en adultos, lo que desmonta la idea de que este problema es exclusivo de jóvenes. Además, se observaron claras diferencias por edad dentro del grupo de mayores: las personas entre 50 y 64 años presentaron casi el doble de prevalencia que las de 65 a 80 años. Una posible explicación es que quienes hoy tienen entre 50 y 64 años estuvieron expuestos a grandes cantidades de ultraprocesados desde la infancia y adolescencia, justo cuando el entorno alimentario cambió de forma drástica, lo que podría haber condicionado patrones de consumo de por vida.
Diferencias de género y relación con la salud
El estudio identificó diferencias marcadas entre hombres y mujeres. En el conjunto de la muestra, el 16,9% de las mujeres cumplía criterios de adicción a ultraprocesados, frente al 7,5% de los hombres. El grupo con mayor prevalencia fue el de mujeres de 50 a 64 años, donde aproximadamente 1 de cada 5 reportó un patrón adictivo de consumo. Este hallazgo contrasta con lo que se observa en otros trastornos adictivos en edades avanzadas, como el trastorno por consumo de alcohol o tabaco, donde suelen predominar los hombres.
La investigación también exploró cómo se relaciona la adicción a ultraprocesados con la percepción de peso, salud física, salud mental y aislamiento social. Tanto en hombres como en mujeres, quienes se describían como “sobrepeso” tenían una probabilidad muy superior de cumplir criterios de adicción, en el rango de 11 a 19 veces más que aquellos que se percibían en un peso adecuado. Las personas que calificaban su salud física como regular o mala también mostraban más del doble de probabilidad de presentar adicción a ultraprocesados.
La salud mental surgió como un factor especialmente relevante. Los hombres que declaraban una salud mental regular o mala tenían cuatro veces más probabilidad de cumplir criterios de adicción, mientras que en mujeres el riesgo se multiplicaba por 2,78. Estos datos encajan con otros estudios que han vinculado la adicción a ultraprocesados con mayores niveles de depresión, ansiedad y uso de sustancias, así como con posibles mecanismos biológicos relacionados con inflamación y alteraciones del eje intestino-cerebro.
Por último, el sentimiento de aislamiento social también se asoció de forma consistente con la adicción a ultraprocesados en ambos géneros. Las personas que manifestaban sentirse aisladas “algo del tiempo” u “a menudo” presentaban entre 3,3 y 3,4 veces más probabilidad de cumplir criterios de adicción, incluso ajustando por edad, nivel educativo e ingresos. Este hallazgo se suma a la preocupación creciente por la soledad en la vejez, que ya se ha relacionado con peor salud física y mental y con mayor riesgo de conductas adictivas.
Implicaciones para la nutrición, la salud pública y la formación avanzada
Los resultados de este estudio en adultos mayores ponen de relieve que la adicción a los alimentos ultraprocesados no es un problema menor, ni limitado a etapas tempranas de la vida. La combinación de alta disponibilidad de estos productos, diseño orientado a maximizar la recompensa, vulnerabilidad psicológica y contextos de aislamiento configura un escenario complejo que exige respuestas desde la nutrición clínica, la psicología de la salud y las políticas públicas. Para los profesionales y futuros especialistas interesados en profundizar en la relación entre alimentación, adicción y enfermedades crónicas en distintas etapas del ciclo vital, programas como la Maestría Internacional en Nutrición y Dietética que promueve FUNIBER ofrecen una formación sólida y actualizada para analizar la evidencia científica, diseñar intervenciones dietéticas y contribuir, desde la práctica profesional, a mitigar el impacto de los ultraprocesados en la salud de la población mayor.
Fuente del texto: Loch LK et al. Ultra-processed food addiction in a nationally representative sample of older adults in the USA. Addiction. 2025. doi:10.1111/add.70186
