Hiperglucemia y menor respuesta al ejercicio
En personas con diabetes y en modelos animales, la hiperglucemia crónica se asocia con una respuesta adaptativa reducida al entrenamiento aeróbico. Esto significa que, aun realizando ejercicio con regularidad, la mejora de la capacidad aeróbica puede ser menor cuando los niveles de glucosa en sangre se mantienen elevados de forma sostenida. Una de las adaptaciones más afectadas es el aumento de la capacidad de ejercicio aeróbico, que se mide habitualmente mediante el consumo máximo o pico de oxígeno, conocido como VO₂ máx o VO₂ pico. Esta variable es un indicador clave de la eficiencia del sistema cardiorrespiratorio y de la capacidad del organismo para utilizar oxígeno durante el esfuerzo.
La importancia de una buena capacidad aeróbica va más allá del rendimiento físico. Datos de estudios preclínicos y clínicos muestran que un VO₂ elevado se asocia con mejor salud general y mayor longevidad. En personas con diabetes, conservar una alta capacidad aeróbica se relaciona con menor riesgo de complicaciones como enfermedad cardiovascular y daño renal. Por ello, cuando la hiperglucemia limita las adaptaciones al ejercicio, no solo se reduce el rendimiento, sino también parte del potencial protector de la actividad física frente a complicaciones metabólicas y cardiovasculares.
Por qué el VO₂ máx es un indicador clave de salud
El VO₂ máx se ha propuesto como un “signo vital clínico” debido a su fuerte poder predictivo sobre la mortalidad y el riesgo de enfermedad cardiovascular. Diversos trabajos han demostrado que personas con mejor condición cardiorrespiratoria presentan menor riesgo de eventos cardiovasculares y de muerte prematura, independientemente de otros factores como la edad, el sexo o el índice de masa corporal. En el contexto de la diabetes, una mayor capacidad aeróbica se asocia con mejor perfil cardiometabólico y con menor progresión de complicaciones renales y vasculares.
En pacientes con diabetes tipo 1 y tipo 2, la resistencia a la insulina y la hiperglucemia se han vinculado con una menor capacidad de ejercicio y con una peor respuesta al entrenamiento. Esto sugiere que el control de la glucemia no solo es relevante para prevenir complicaciones clásicas, sino también para permitir que el organismo aproveche plenamente los beneficios del ejercicio aeróbico. De este modo, las estrategias que mejoran el control glucémico podrían contribuir indirectamente a potenciar las adaptaciones cardiorrespiratorias.
Qué es una dieta cetogénica y cómo actúa
Las dietas cetogénicas se caracterizan por un alto contenido en grasas, igual o superior al 60 % de la energía total, y una ingesta muy baja de carbohidratos, generalmente por debajo del 10 % de las calorías o de unos 50 gramos al día. Esta distribución de macronutrientes reduce de forma marcada la disponibilidad de glucosa y obliga al organismo a utilizar principalmente ácidos grasos como fuente de energía. En respuesta, el hígado incrementa la producción de cuerpos cetónicos, que pueden ser utilizados por diversos tejidos, incluido el músculo, como combustible alternativo.
Antes de la introducción de la insulina en la década de 1920, las dietas muy bajas en carbohidratos y ricas en grasa se empleaban como base del tratamiento de la diabetes tipo 1, ya que permitían reducir la glucemia y prolongar la supervivencia en ausencia de terapia insulínica. En la actualidad, las dietas cetogénicas han recuperado interés por su potencial terapéutico en patologías neurológicas como la epilepsia y por su posible utilidad en el control del peso y de la glucosa en sangre. Sin embargo, su aplicación a nivel poblacional sigue siendo objeto de debate, especialmente por las implicaciones del alto consumo de grasa en relación con la obesidad y otras enfermedades metabólicas.
Evidencia sobre dieta cetogénica y control glucémico
En los últimos años se han publicado revisiones sistemáticas y metaanálisis que analizan el efecto de la dieta cetogénica en personas con diabetes tipo 2. La evidencia disponible indica que este patrón alimentario puede mejorar el control glucémico, reducir la resistencia a la insulina y favorecer la pérdida de peso en algunos pacientes. Estos cambios se consideran relevantes porque la disminución de la glucosa y de la adiposidad se asocia con una mejoría del perfil cardiometabólico y, potencialmente, con una mayor capacidad para beneficiarse del ejercicio aeróbico.
En el caso de la diabetes tipo 1, se ha observado que la dieta cetogénica puede reducir la dosis diaria de insulina necesaria y permitir mantener niveles de hemoglobina glucosilada cercanos a la normalidad. No obstante, estos resultados proceden de estudios con características específicas y no pueden generalizarse sin precaución. Además, la implementación de una dieta tan restrictiva requiere un seguimiento estrecho y una valoración individualizada de riesgos y beneficios.
Posible sinergia entre dieta cetogénica y ejercicio aeróbico
Dado que la hiperglucemia se relaciona con una respuesta atenuada al entrenamiento aeróbico, surge la hipótesis de que una intervención nutricional que reduzca de forma eficaz la glucosa en sangre podría potenciar las adaptaciones inducidas por el ejercicio. En un modelo de ratón macho con hiperglucemia, se ha observado que una dieta cetogénica mejora la adaptación al ejercicio aeróbico y favorece una remodelación mitocondrial en el músculo esquelético. Esto sugiere que, al disminuir la glucemia y modificar el entorno metabólico, la dieta podría facilitar los cambios estructurales y funcionales en la fibra muscular que sustentan una mejor capacidad aeróbica.
Sin embargo, estos hallazgos proceden de un modelo animal y no pueden extrapolarse directamente a la población general ni a todos los pacientes con diabetes. Además, el impacto de una dieta cetogénica sobre el rendimiento deportivo y la salud a largo plazo sigue siendo motivo de controversia, y las revisiones sobre rendimiento físico muestran resultados heterogéneos según el tipo de ejercicio, la duración de la intervención y las características de los participantes. Por ello, aunque la combinación de dieta cetogénica y ejercicio aeróbico se perfila como una línea de investigación interesante, todavía se requieren estudios clínicos bien diseñados para definir su eficacia y seguridad en distintos contextos.
Implicaciones para la práctica clínica y la formación especializada
Los datos actuales apuntan a que mejorar el control glucémico es clave para aprovechar plenamente los beneficios del ejercicio aeróbico, especialmente en personas con diabetes. La dieta cetogénica representa una herramienta potencial para lograrlo en determinados casos, pero su aplicación debe ser individualizada, monitorizada y basada en la mejor evidencia disponible. Profesionales con formación avanzada en nutrición y metabolismo están llamados a interpretar críticamente estos resultados, valorar riesgos y beneficios y diseñar intervenciones integradas que combinen alimentación y ejercicio de forma segura. En este sentido, programas académicos como la Maestría Internacional en Nutrición y Dietética, para el que FUNIBER concede becas, ofrecen una base sólida para comprender en profundidad la interacción entre dieta, control glucémico y adaptación al ejercicio, y para trasladar la evidencia científica a la práctica clínica y comunitaria.
Fuente: Adaptado a partir de “A ketogenic diet enhances aerobic exercise adaptation and promotes muscle mitochondrial remodeling in hyperglycemic male mice”, publicado en Nature Communications, en: https://www.nature.com/articles/s41467-026-69349-5
