La generación del prompt: educar para aprender a preguntar en la era de la IA

De los baby boomers a la generación del prompt

A lo largo del último siglo se ha vuelto habitual bautizar a generaciones enteras para ordenar el tiempo y condensar rasgos sociales en etiquetas compartidas. Se ha hablado de generación perdida, generación silenciosa, baby boomers, generación X, millennials o generación Z, además de términos más recientes como coroniales o pandemials para aludir a experiencias específicas vinculadas a la pandemia. Más allá de la precisión en las fechas, estas denominaciones reflejan una necesidad humana de nombrar fenómenos colectivos y de interpretar cambios profundos en la cultura y la tecnología.

En este contexto, comienza a plantearse cómo llamar a quienes están creciendo en plena expansión de la inteligencia artificial generativa. La etiqueta “generación IA” desplazaría el foco hacia la tecnología y no hacia las personas. Por eso cobra fuerza la idea de una posible “generación prompt”, definida no tanto por las herramientas que usa, sino por la forma en que formula preguntas a esas herramientas y organiza su acceso al conocimiento.

El prompt como nueva alfabetización

Durante décadas, el mérito en el entorno digital fue saber buscar y seleccionar información en internet, y más tarde aprender a compartirla de forma eficaz en redes sociales. Con la inteligencia artificial generativa, el valor se desplaza hacia la capacidad de preguntar bien a la máquina. El lenguaje se convierte en la interfaz principal y el diseño de prompts eficaces pasa a ser una competencia clave en el ecosistema digital.

Un prompt es, en apariencia, una simple instrucción, pregunta o contexto. Sin embargo, se ha transformado en el eje de la relación entre humanos y sistemas de IA. Quien domina el arte del prompting obtiene respuestas más útiles, creativas y ajustadas a sus necesidades, pero esta práctica no es neutra. Los resultados dependen tanto de cómo se pregunta como de las bases de datos con las que se han entrenado los modelos, que pueden contener sesgos o lagunas de información.

Algunos autores hablan ya de una “alfabetización en el prompt” comparable, en importancia estratégica, a la alfabetización lectoescritora en siglos anteriores. Entonces, saber leer y escribir abría el acceso al conocimiento; hoy, saber formular buenas preguntas a la IA ofrece una ventaja académica, profesional y social, siempre que se mantenga la capacidad de leer críticamente, contrastar y discernir la información recibida.

Preguntar bien: curiosidad, contexto y pensamiento crítico

La historia de la difusión del conocimiento muestra una sucesión de revoluciones tecnológicas, desde la imprenta de Gutenberg hasta internet. La inteligencia artificial generativa introduce una novedad decisiva: el conocimiento fluye desde las máquinas hacia las personas sin necesidad de revisar listas de resultados, porque el sistema ya ha buscado, procesado y seleccionado una respuesta. Esto obliga a pensar con más cuidado qué se quiere preguntar si se aspira a obtener información de calidad.

La llamada “sociedad del prompt” rescata una capacidad humana esencial que a menudo ha sido descuidada en los sistemas educativos: preguntar. Durante mucho tiempo se ha premiado más la memorización de respuestas que la formulación de interrogantes. Paradójicamente, ahora una máquina nos obliga a reaprender la importancia de la pregunta bien planteada. Para ello resultan fundamentales las ideas previas y el conocimiento general, que permiten ir más allá de cuestiones superficiales, y la curiosidad intelectual, motor del deseo de saber y de la innovación.

Un estudiante que no se formula preguntas ni dispone de marcos conceptuales mínimos difícilmente desarrollará pensamiento crítico. La IA puede servir como estímulo para despertar esa curiosidad, siempre que su uso se acompañe de criterio, reflexión y supervisión. De lo contrario, existe el riesgo de dependencia cognitiva, de delegar en exceso el esfuerzo de búsqueda y síntesis, y de olvidar el valor de otras fuentes de conocimiento no digitalizadas, como archivos y bibliotecas físicas.

Entre la burocracia automatizada y la reflexión necesaria

La inteligencia artificial generativa no solo responde preguntas, también promete liberar a las personas de tareas burocráticas repetitivas. Desde rellenar formularios hasta verificar documentos o redactar textos administrativos, los algoritmos se perfilan como aliados para acelerar procesos que consumen gran parte del tiempo de ciudadanos y empresas. Esta promesa plantea una cuestión incómoda: por qué se ha construido una burocracia tan densa que ahora parece imprescindible recurrir a las máquinas para gestionarla.

Más que limitarse a digitalizar trámites existentes, la IA abre la puerta a replantear los propios sistemas de verificación, control y suministro de información, apoyándose en tecnologías como la criptografía para hacerlos más ágiles, transparentes y seguros. A medida que se delegan en la máquina tareas rutinarias, las personas pueden concentrarse en actividades de mayor complejidad intelectual, siempre que se evite caer en la comodidad de la respuesta inmediata y se mantenga el placer del descubrimiento y la reflexión pausada.

En este escenario, la generación del prompt necesitará no solo manejar herramientas de IA, sino comprender sus límites, sesgos y efectos sociales. Esto exige programas formativos que integren competencias digitales avanzadas con pensamiento crítico, ética y capacidad de análisis de datos. Iniciativas académicas como la Maestría en Transformación Digital, para el que FUNIBER concede becas, ofrecen un marco idóneo para que profesionales de distintos ámbitos aprendan a liderar este cambio, diseñando estrategias donde la inteligencia artificial refuerce la autonomía intelectual y no la reemplace.

Fuente: Adaptado a partir de “La generación que tendrá que aprender a preguntar: ¿vamos hacia la generación ‘prompt’?” publicado en The Conversation.