Los alimentos ultraprocesados han desplazado en gran medida a las dietas tradicionales en todo el mundo y se han convertido en un desafío para la salud pública. La evidencia científica acumulada en la última década los asocia con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, incluso cuando la calidad general de la dieta parece aceptable. Los estudios realizados durante este periodo han puesto de manifiesto que el consumo de estos productos se asocia con un mayor riesgo cardiovascular, a menudo independientemente de la calidad general de la dieta. Este artículo resume las conclusiones de un consenso clínico de la Sociedad Europea de Cardiología, elaborado por un grupo multidisciplinario de expertos, que busca sensibilizar a los profesionales de la salud sobre este factor de riesgo emergente.
Qué son los alimentos ultraprocesados: la clasificación Nova
La clasificación Nova, desarrollada por Monteiro et al., es la más utilizada en estudios epidemiológicos y debates de políticas públicas. Divide los alimentos en cuatro categorías según el grado de procesamiento industrial. Los alimentos ultraprocesados pertenecen al grupo 4 y se caracterizan por ser formulaciones industriales elaboradas con ingredientes baratos, aditivos y compuestos neoformados, con poco o ningún valor nutricional. Ejemplos típicos son las patatas fritas, refrescos, dulces, embutidos, comidas listas para consumir, yogures de frutas y muchos cereales de desayuno.
Consumo en Europa
El consumo de alimentos ultraprocesados varía notablemente entre países europeos. Según datos de Euromonitor, las ventas per cápita más altas en 2016 se registraron en los Países Bajos, Alemania y Reino Unido, mientras que los países del este de Europa presentaron los volúmenes más bajos. En España, la compra de estos productos casi se triplicó entre 1990 y 2010. El pan industrial y las bebidas carbonatadas son los principales contribuyentes al consumo de ultraprocesados en Europa.
Alimentos ultraprocesados y factores de riesgo cardiovascular
La relación entre estos productos y la salud cardiovascular es compleja. Los alimentos ultraprocesados no actúan de forma aislada, sino como parte de una cadena causal que favorece el desarrollo de factores de riesgo intermedios como la obesidad, la diabetes tipo 2, la hipertensión y la dislipemia.
Obesidad
Seis estudios de cohortes y tres ensayos controlados aleatorizados encontraron una asociación directa entre el consumo de alimentos ultraprocesados y el riesgo de sobrepeso y obesidad. Los mecanismos propuestos incluyen una mayor densidad energética, menor saciedad, alteraciones en el comportamiento alimentario y posibles efectos sobre la señalización intestino-cerebro.
Diabetes tipo 2
Nueve estudios de cohortes prospectivos mostraron una asociación consistente entre un mayor consumo de ultraprocesados y el riesgo de diabetes tipo 2. El alto contenido en azúcares añadidos y la baja cantidad de fibra son mecanismos clave. Además, algunos aditivos podrían actuar como disruptores endocrinos y contribuir al riesgo.
Hipertensión
La evidencia sobre hipertensión es moderada. Cuatro de cinco estudios prospectivos reportaron una asociación positiva. El exceso de sodio, azúcar y grasas no saludables, junto con la promoción de sobrepeso, explica en parte esta relación.
Dislipemia y síndrome metabólico
Dos estudios de cohortes mostraron una asociación entre el consumo de ultraprocesados y un mayor riesgo de dislipemia. En cuanto al síndrome metabólico, la evidencia es limitada e inconsistente.
Enfermedad renal crónica
Cinco estudios prospectivos encontraron una asociación directa entre el consumo de ultraprocesados y el riesgo de enfermedad renal crónica, un factor de riesgo importante para la enfermedad cardiovascular.
Alimentos ultraprocesados y enfermedad cardiovascular establecida
En personas sin enfermedad cardiovascular previa, un mayor consumo de ultraprocesados se asocia con un aumento del riesgo de enfermedad coronaria y accidente cerebrovascular. Tres grandes estudios de cohortes de Estados Unidos y el estudio NutriNet-Santé en Francia confirmaron estas asociaciones. En pacientes con enfermedad cardiovascular establecida, un estudio italiano mostró que un consumo elevado se vinculaba con una mayor mortalidad cardiovascular. Según la Organización Mundial de la Salud, las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en el mundo, por lo que identificar y modificar factores de riesgo como el consumo de ultraprocesados resulta prioritario.
Mecanismos implicados
Además de su pobre perfil nutricional, los alimentos ultraprocesados pueden dañar la salud cardiovascular a través de aditivos, contaminantes del procesamiento y alteraciones en la matriz alimentaria. Estos productos suelen contener una gran cantidad de azúcares añadidos, grasas trans y sodio, que contribuyen directamente al desarrollo de aterosclerosis y disfunción endotelial. Algunos aditivos como emulsionantes y edulcorantes artificiales pueden afectar la microbiota intestinal y promover inflamación. Los cambios en la estructura de los alimentos favorecen una digestión más rápida y un mayor consumo energético. También se ha señalado la migración de contaminantes del envase, como bisfenoles y ftalatos, como un posible riesgo.
Recomendaciones para la práctica clínica
Los cardiólogos deberían evaluar el consumo de alimentos ultraprocesados en sus consultas y ofrecer consejos prácticos. Sustituir bebidas azucaradas por agua, elegir yogur natural en lugar de yogur de sabores y priorizar la cocina casera son medidas sencillas. La educación en el etiquetado de alimentos también resulta útil, ya que muchos productos light o saludables pertenecen a la categoría de ultraprocesados. Los profesionales de la salud pueden utilizar herramientas visuales y explicar a los pacientes cómo identificar estos productos en el supermercado.
Los alimentos ultraprocesados representan un factor de riesgo cardiovascular modificable que merece atención clínica y política. La reducción de su consumo podría contribuir a prevenir enfermedades cardiovasculares. Para profundizar en el papel de la nutrición en la salud cardiovascular, la Maestría en Nutrición y Biotecnología Alimentaria de FUNIBER, para el que ofrecen becas, una formación especializada en este campo, fundamental para que los profesionales puedan ofrecer una atención integral.
